miércoles, 8 de mayo de 2013

Historia y tradición


Historia y tradición
Templanza y valor indiscutibles de la heroína venezolana
Eumenes Fuguet Borregales (*)
En cada espacio del tiempo histórico venezolano, iniciado con el descubrimiento de nuestra patria, en 1498, y en diferentes épocas, la mujer venezolana se ha caracterizado por su activa, abnegada y valerosa participación, coadyuvando con su solidaridad a lograr los nobles objetivos de la emancipación. En momentos de plena dificultad, numerosas paisanas brindaron guarda y cobija a los combatientes de luchas e ideas, que, por ser fieles a causas justas, eran perseguidos sin tregua; otras sirvieron de mensajeras, transitando sitios inhóspitos y vigilados por fuerzas enemigas; unas atendían a los heridos en pleno campo de batalla.
Quienes conocían de manualidades, contribuían con la costura de ropas y uniformes, unas preparaban comida; quienes demostraban guáramo, tomaban un arma y peleaban en primera fila, hombro a hombro, con los soldados de la patria, regando con su sangre no perdida los caminos de la redención; muchas avanzaban como troperas en la retaguardia para realizar funciones logísticas. La historia y tradición recoge la información de tantas compatriotas de todas las clases sociales y de todas las regiones, quienes, como madres, esposas o amantes, dejaron honda huella de sacrificio y pasión por la libertad, con sentido de patria en sus ideales.
La Princesa Judibana. Primera heroína venezolana. Hija del cacique Manaure, vivía en Paraguaná, casada con el cacique Hurehurebo; ellos, defendiendo sus tierras, fueron atacados y heridos salvajemente por los conquistadores. Judibana perdió una pierna y ambos fueron trasladados en calidad de esclavos hasta la isla de Santo Domingo; la efectiva y bondadosa acción de Juan de Ampíes permitió la liberación y regreso al terruño de estos aborígenes, donde fueron bautizados y casados por la Iglesia con los nombres de Fernán y Juana; sería uno de los primeros matrimonios realizados en Venezuela.
Josefa Joaquina Sánchez. Esposa del protomártir José María España, a quien ayudó en su afán emancipador junto a Manuel Gual. Doña Josefa, conocida como "La Bordadora", confeccionó la bandera emancipadora de Gual y España. Al ser develado el movimiento, Josefa fue encarcelada durante ocho años, los cuales pasó con patriotismo y dignidad. Sus hijos, los cadetes José María y Prudencio, enarbolaron el 14 de julio de 1811 la bandera tricolor recién diseñada por el precursor Francisco Miranda, en la Plaza Mayor de Caracas, sitio donde fue ajusticiado su padre 11 años atrás.
María Isabel Gómez. Curazoleña, madre del general Manuel Piar. Trabajaba en La Guaira como comadrona; muy amiga de doña Josefa Joaquina, participó en el movimiento de Gual y España en 1799. Ella los alertó sobre la orden de detención; por tal motivo, fue encarcelada en La Guaira y desterrada hacia Curazao. Gual y España se alojaron en su casa de Curazao. Su hijo, el general en jefe Manuel Piar, fue el libertador de Guayana en 1817.
María del Carmen Ramírez de Briceño. Digna tachirense, vivía entre San Cristóbal y Cúcuta; su esposo tenía varias propiedades que fueron confiscadas. María es de las primeras en informar a los vecinos de ambas ciudades el movimiento del 19 de abril de 1810. En 1819 es hecha prisionera y enviada a Bailadores; el Libertador, al conocer la noticia, movilizó un batallón para rescatarla. Las casas de doña María sirvieron de alojamiento a Bolívar, y en Cúcuta sirvió de hospedaje donde murió en 1821 el distinguido doctor Juan Germán Roscio; en otra realizaron reuniones del soberano Congreso, reunido en esa ciudad fronteriza por órdenes del Libertador.

Batallón de Mujeres de San Carlos. El 25 de abril de 1812 lucharon las mujeres de todas las clases sociales de San Carlos utilizando palos, machetes, sables y algunas armas, al mando del comandante Miguel Carabaño, contra las huestes de Domingo Monteverde; los republicanos perdieron por la deserción de un escuadrón de caballería, cuando Monteverde se retiraba. El Libertador desde su cuartel general de Trujillo, el 22 de junio de 1813, exalta la valentía de estas mujeres heroicas de San Carlos, quienes lucharon con valor y sacrificio.
María Concepción Pereira. Valerosa representante de la estirpe caroreña, con entusiasmo y patriotismo motivó a los jóvenes a incorporarse a la Campaña Admirable del Libertador; la historia recoge con orgullo su famosa arenga: "Cuando la patria perece, vacilar es traicionarla".
Juana Ramírez, "La Avanzadora". Fiel representante de la mujer maturinesa, se destacó organizando grupos de mujeres que lucharon a las órdenes de Manuel Piar y de José Francisco Bermúdez durante los años 1813 y 1814. El cognomento de "Avanzadora" se lo gana por su decidido arrojo en avanzar siempre adelante; Juana combatía en la primera fila con un valor espartano increíble, el cual era ejemplo para los civiles y militares que defendían Maturín contra los desmanes de las fuerzas realistas. Una vez tomada la ciudad por los realistas, esta insigne mujer se moviliza a los montes con otras mujeres para realizar acciones guerrilleras, con el fin de combatir y desmoralizar a las fuerzas realistas.
"Batería de Mujeres". Grupo organizado en Maturín, en marzo de 1814, por mujeres de todas las clases sociales a las órdenes de Manuel Piar, para defender la ciudad contra las fuerzas del jefe realista Domingo Monteverde. Ese grupo femenino se caracterizó por su patriotismo y sacrificio en aras de la redención. Esta valerosa "Batería de Mujeres" se inmortalizó en el combate del Alto de los Godos en Maturín, el 25 de mayo de 1814.
Bárbara de La Torre. Trujillana incorporada a la lucha emancipadora en la región andina, cumplía funciones de mensajera y actividades de inteligencia, destacándose como excelente amazona. Al ser capturada y sentenciada a muerte en 1814, su padre prefirió, en actitud de valentía, el sacrificio de su vida para poder salvar la de su joven hija.
Leonor Guerra. Cumanesa de gran temple, quien se afilió con entusiasmo al movimiento revolucionario del 19 de Abril. En 1816 fue apresada por su activa participación como mensajera y conocedora de las personas comprometidas con la emancipación y sus movimientos; mientras la llevaban por las calles de Cumaná recibió 200 azotes, para que delatara a sus compañeros de lucha, pero esta heroína, sin inmutarse, contestaba: ¡Viva la patria, mueran los tiranos! Esta heroica mujer murió a los pocos días al negarse a recibir alimentos, entregando su preciosa vida por un ideal.
Eulalia Ramos de Chamberlain, mejor conocida como Eulalia Buroz. Valerosa joven, natural de Tacarigua de Mamporal, en 1813 se involucra en las actividades emancipadoras; es salvada de ser fusilada gracias a la llegada a Río Chico de fuerzas republicanas. En julio de 1814, desde Caracas sale en la Emigración a Oriente junto a 20 mil caraqueños que huían de Boves, donde de cada tres personas se salvaba uno. Eulalia desde Carúpano se traslada a Cartagena y de allí hacia Haití. Regresa a Cumaná, donde se casa con el coronel inglés Carlos Chamberlain. El 7 de abril de 1817, a las órdenes del coronel Pedro María Freites, defienden heroicamente la Casa Fuerte de Barcelona; las fuerzas realistas, en mayor número, asaltan el Convento de San Francisco con una sed de venganza tal, que la estela fue de una masacre sin compasión, de tal manera que su esposo prefiere quitarse la vida antes que rendirse y Eulalia, con arrojo, toma esa arma y, al grito de ¡Viva la patria!, mata a un realista, motivando a los demás enemigos a mutilarla salvajemente.
María Josefa Palacios de Ribas. Noble caraqueña, esposa del impertérrito general en jefe José Félix Ribas y hermana de María de la Concepción Palacios, madre del Libertador, demostró serenidad y temple de mujer cuando supo la muerte de su esposo el 31 de enero de 1815, en Tucupido, y su cabeza freída en aceite, expuesta como escarmiento en jaula de hierro en La Puerta de Caracas. Ella se encerró en su casa con regio luto y la firme disposición de no salir jamás; a comienzos de 1821, cuando los españoles, a petición de Bolívar a Morillo, la autorizaban para que saliera, les contestó: "Saldré cuando sepa que los tiranos que han ofendido nuestra patria hayan sido expulsados". Como un hecho inédito en la Venezuela heroica, José, el hijo único, a los 3 años de edad fue ascendido a capitán vivo y efectivo de Infantería por Bolívar, en reconocimiento al triunfo de Ribas en la Batalla de La Victoria, el 12 de febrero de 1814.
María Josefa Zabaleta. Heroína valenciana que desplegó heroicamente una valiosa actividad junto a muchas mujeres en apoyo al siempre leal Rafael Urdaneta y sus 280 soldados en marzo de 1814, durante la defensa de la ciudad desde el 28 de marzo hasta el 3 de abril ante la presencia de las huestes de José Ceballos y Sebastián de La Calzada, quienes la asediaban con más de tres mil efectivos. Urdaneta con apoyo de muchas mujeres organizó una ciudadela, donde atendieron a los heridos, preparaban lo que se pudiese usar como alimento y cargaban agua del río Cabriales para enfriar los cañones. Esas nobles valencianas hicieron gala de patriotismo, cumpliendo la orden emanada de Bolívar de "defender a Valencia hasta morir, porque estando en ella todos nuestros elementos de guerra, perdiéndola se perdería la República".
Micaela Longa. Joven aristocrática caraqueña, en 1816 fue detenida por las autoridades españolas. Acusada de rebelde y colaboradora de los republicanos, sufrió las penurias de un año de cárcel por el delito de "brindar por Bolívar una botella de licor".
Teresa Heredia. Noble representante de la juventud de Ospino, de gran perseverancia y lealtad; huérfana desde niña, desde muchacha apoyaba las acciones emancipadoras. En una ocasión fue encarcelada por seis meses, sufriendo torturas físicas y morales. En una segunda ocasión es denunciada y, previo juicio, se le condena por subversiva al destierro en Norteamérica.
Josefa Camejo. Paraguanera de pura cepa, sobrina del ilustre sacerdote monseñor Mariano Talavera y Garcés, denominado por Bolívar "El mejor orador de América". Desde 1810, Josefa se incorpora al movimiento revolucionario, participa en 1820 y 1821 como mensajera entre Maracaibo y Coro a las órdenes del general Rafael Urdaneta; en ocasiones se vestía de pordiosera para despistar a los realistas. Con la valerosa Toma de Paraguaná, el 3 de mayo de 1821, inicia la liberación de Coro, concluida por Urdaneta el 11 de mayo de ese memorable año. Sus restos simbólicamente se depositaron en el Panteón Nacional, el 8 de marzo de 2002.

Las Costureras de Guanare. La primera vez que el Ejército Libertador usó uniforme fue en la gloriosa Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821, gracias a la actividad desplegada por las insomnes señoras de Guanare, quienes, trabajando incansablemente día y noche, pudieron lograr el cometido de coser con telas color azul y blanco el vistoso uniforme que lucirían orgullosos los soldados en la formación de parada cuando el Libertador, el 23 de junio en la sabana de Tinaquillo, los arengó culminando con sus proféticas palabras: ¡Mañana seréis invictos en Carabobo!
Campaña de Carabobo. En todas las acciones militares realizadas en procura de la emancipación, la presencia de nuestras mujeres fue factor de importancia. Durante la concentración estratégica hacia San Carlos, previa a la batalla decisiva de Carabobo, las unidades llevaban mujeres que realizaban funciones logísticas de avituallamiento. En San Carlos acudieron 200 mujeres de diferentes estratos sociales y de todas las regiones, compenetradas en un solo y noble objetivo. En Venezuela se conocen como "Troperas", en Colombia como "Las Juanas", y en México como "Las Adelitas".
Las heroínas de Carabobo. En la memorable sabana de Carabobo, "domicilio histórico del Ejército venezolano", después de la batalla se ordenó a los tenientes Rafael Mendoza y Vicente Piedrahita que recogieran los cadáveres para su entierro o quema. Al realizar su labor encontraron a dos mujeres con uniforme puesto y cabello recogido; eran dos heroínas desconocidas de las 25 que pelearon en la magna batalla. De nuevo, nuestras paisanas se destacaron por su valor y voluntad de vencer.
Ana María Campos. Hija de los Puertos de Altagracia, en todo momento participaba en beneficio de la emancipación; asistía en Maracaibo a las reuniones secretas para organizar la defensa contra el general realista Francisco Tomás Morales, quien, después de la Batalla de Carabobo, se trasladó a Puerto Cabello y luego a Maracaibo. Es famosa su frase de: "Si Morales no capitula, monda" (muere). Al ser capturada, los realistas la castigaron públicamente, paseándola por Maracaibo montada semidesnuda en un burro, llevando latigazos como escarmiento para que retirara lo dicho; Ana María soportó estoicamente el castigo, sin doblegarse.
Falta un merecido  homenaje:
En Colombia se conmemora el 14 de noviembre el "Día Nacional de la Mujer Colombiana", en homenaje a la joven heroína Policarpa (La Pola) Salavarrieta, de 22 años, fusilada por orden del jefe realista Pablo Morillo, en 1817, en la Plaza Mayor de Bogotá, por su decidida participación en la emancipación de la Nueva Granada. Bolívar, en relación a la heroica participación de las valerosas y abnegadas mujeres, dijo el 24 de febrero de 1820: "Vosotras sois dignas de la admiración del universo y de la adoración de los libertadores de Colombia".
En Venezuela existen pocos monumentos dedicados a nuestras paisanas destacadas, verbigracia: Josefa Camejo (Coro), Juana Ramírez "La Avanzadora" (Maturín), Ana María Campos (Maracaibo), Luisa Cáceres de Arismendi (en varios sitios del país) y Eulalia Buroz (Barcelona), entre otras; en Maracay se encuentra un monumento dedicado a la mujer. Acompañando al monumento dedicado al Soldado Desconocido en el Campo de Carabobo, como un acto de alta justicia,  faltaría la de nuestra Heroica Mujer hecha patria, junto con el del Niño Héroe, semillero de esperanzas y el Sacerdote Anónimo, verdadero patriota con sotana y el del abnegado médico, para completar las glorias de la emancipación. Es un acto de justicia para reconocer la acción valerosa de nuestras heroínas anónimas.
Luisa Cáceres de Arismendi
Abnegada caraqueña, sintió en 1814 el dolor por la muerte de su padre y hermano por órdenes del sanguinario Francisco Rosette, en Ocumare del Tuy. Luisa Cáceres salió con su familia en julio de 1814 en la Emigración de Oriente, en cuyo trayecto, cual verdadero calvario, perecieron cuatro tías. De Cumaná pasa con su madre y un hermano a Margarita, donde contrae matrimonio con el ilustre prócer Juan Bautista Arismendi; las fuerzas del general Pablo Morillo la capturan y trasladan al Castillo de Santa Rosa, donde pierde la criatura que esperaba al nacer. Cada vez que la interrogaban contestaba: "Jamás lograréis de mí que le aconseje (a su esposo) faltar a sus deberes". Sin disminuir su moral y temple, pasó por las cárceles de Caracas, de La Guaira y de Cádiz, allí contestaría: "No renuncio jamás a mis deberes".
Los restos de esta digna heroína se encuentran en el Panteón Nacional; allí también se encuentran los venerados restos de la famosa escritora Teresa de la Parra, de la excelsa pianista Teresa Carreño y en forma simbólica los de la paraguanera Josefa Camejo.
(*) Gral. de Bgda.                                                                                   churuguarero77@gmail.com
@eumenesfuguet

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